Hagamos listas. Varias, de todo tipo. De las cosas que nos gustan, de los objetos que nos gusta compartir, guardar, de las series de televisión, de los personajes favoritos en los libros.
Hagamos listas. Ellas ordenan, y nos ayudan a pensarnos, a buscar en nosotros mismos una información escondida, casi secreta y, a veces, reveladora. Los docentes solemos clasificar, agrupar, estructurar, secuenciar, planificar. Los docentes sabemos conjugar los verbos en acción. Así somos, barajamos inconvenientes, tomamos decisiones y salimos adelante. Y, lo más curioso, es que nos gusta. Tenemos una tarea de responsabilidad, estresante, y que la mayor parte del tiempo no nos permite detenernos, hacer una pausa. El botón de play, siempre apretado, volumen al máximo. Mientras tanto, tomamos decisiones. Y lo más curioso, es que nos gusta. La rutina diaria es una mezcla de sensaciones que van de la absoluta alegría hasta a la aguda preocupación. Los docentes vivimos al límite. ¿Y quién nos entiende? Nosotros, sí. Eso seguro. ¿Basta con eso? No lo sé. Pero es importante.
Me agradan las clasificaciones. Me ayudan a reflexionar acerca de mis gustos. Vayamos por la positiva. Hagamos un pequeño ejercicio, el que piensa pierde. Tome lápiz y hoja. Y empiece. Cinco minutos, presione bien fuerte el botón de pausa.
Hablemos de libros. Hablemos de literatura infantil y juvenil. Y, perdonen, hablemos de mí.
Me gustan los libros que hablan con la voz de un niño.
Los que tienen personajes adultos imperfectos.
Los que terminan con finales no tan felices (como la vida misma).
Los que el muchachito al final se queda con ella (como en mi vida).
Los que parecen guardar una música secreta entre los párrafos.
Los que me dan ganas de insultar y abrazar al autor.
Los que no parecen tener autor.
Los que están ilustrados y los que no.
Los que tienen texto y los que no.
Los que hay que releer.
Los que jamás volveré a leer.
Los que me hicieron tener miedo.
Los que me da miedo no leer.
Los que me hacen reír.
Los que no pudieron hacerme llorar.
Me gustan los libros que caben en un bolsillo.
Los libros incómodos y los portátiles.
Los eternos y los descartables.
Los que me da vergüenza recomendar.
Los que no leí e igual recomiendo.
Los que una vez leí y no volví a ver.
Me gustan todos los libros que regalaría antes de un viaje.
Me gustan sólo los libros que alguna vez quise robar.
Y nunca me animé.







